
Sus voces se camuflaban entre la música, pero había algo en ellas que me resultaba familiar...pero decidí no darle más importancia. Al poco tiempo esa extraña sensación de familiaridad volvió y presté más atención y esque ese acento no es olvida tan fácilmente, el acento gaditano... mi acento.
Sus apariencias hablaban de ellos descaradamente, no era difícil y menos en estas tierras. Esas cabezas rapadas, ese inconfundible olor a "cuartel" y esos ojos añorando su tierra a cientos de kilómetros me hizo hablarles.
En ese momento, me vi reflejado en ellos, como si de un espejo del futuro se tratase.
Finalmente, estaba en lo cierto, son de mi tierra, son Infantes de Marina.
Esta fue la extraña sensación cargada de ganas e ilusión aquel sábado noche...
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